Las disciplinas se caracterizan por lo qué estudian (objeto) y por cómo estudian aquello de lo que se ocupan (método).
La PD se ocupa de la variabilidad del comportamiento, siendo los rasgos psicológicos su tema por excelencia.

Por ahora, definiremos los rasgos psicológicos como atributos del individuo, responsables de la consistencia y estabilidad de la conducta, mismos que puede considerárseles como elementos diferenciadores entre las personas y sustento de su individualidad a lo largo del tiempo.


Lo idiográfico & lo nomotético

La variabilidad es un fenómeno intrínseco y concomitante al desarrollo y organización de los organismos vivos, porque tal desarrollo y organización conduce a estos a individualizarse cada vez más, siendo precisamente esto lo que justifica la variabilidad que manifiestan en su conducta.

Se hace referencia aquí a la conducta (en contraposición de cualquier otro término, por ejemplo, vida mental) por considerársele un concepto susceptible de ser investigado empírica y positivamente; por ello, a la PD podría definírsele como: la rama de la psicología que se ocupa de estudiar las diferencias individuales en la conducta.

En sus inicios, la PD se ocupó de la descripción de las variables en las que los individuos difieren entre sí (o con ellos mismos cuando se hace alusión a los distintos momentos de su vida). Esta etapa, caracterizada por su naturaleza descriptiva, ha sido considerada como necesaria por autores como Eysenck, Cattell y Lykken, aunque “aparentemente” según otros, por ejemplo Eysenck y Eysenck, este carácter taxonómico ha sido reemplazado últimamente por otro más causal, debido a la introducción de otras panorámicas disciplinares: psicología cognitiva, psicofisiología, psicología clínica, etc.

Un aspecto importante de los métodos de investigación, que la PD o cualquier otra disciplina utiliza, se refiere al modo de registrar los fenómenos estudiados, es decir, la recogida de datos.

Analizando los diferentes enfoques sobre la recogida de datos, Windelband denominó nomotético al modo como la física o la biología efectuaban sus estudios porque, en tales casos, se utiliza un amplio número de elementos muestrados con el objeto de obtener un resultado promedio o típico.

Pero hay estudios, como los que hace la historia, que no pueden hacerse del mismo modo. Windelband llamó idiográfico al tipo de estudio que describe entidades únicas. Por ello, el estudio idiográfico termina en descripciones diferenciadoras, y frecuentemente, no generalizables de los acontecimientos y sus consecuencias (únicas, pero al mismo tiempo, significativas).

G. Allport revisó estos enfoques en los estudios que se hacían sobre la personalidad. En general, concluyó, cuando se intenta estudiar la personalidad idiograficamente se emplea el constructo tipo, y cuando se le intenta estudiar nomoteticamente, se utiliza el constructo rasgo. Un psicólogo idiográfico diría: “Todos los seres humanos son únicos y no pueden situarse en ningún punto concreto del continuo de un rasgo o aptitud”, en tanto que un psicólogo nomotético diría: “Que existan diferencias implica también que existan similitudes, por tanto ambas, deben situarse sobre una dimensión medible en uno de cuyos polos estará la similitud igual a la identidad, y en el otro polo, la disparidad” (J. M. Tous).

Pero… la PD, ¿Es idiográfica o nomotética? Vayamos al grano. En PD, lo individual no equivale a lo idiográfico sino a un conjunto de rasgos nomotéticos que se manifiestan en los distintos individuos en una cuantía diferente. Por ello, no sólo se encarga de describir la variabilidad individual, sino que trata de explicarla a través de hipótesis, teorías y modelos generales. Dicha explicación puede alcanzar una formulación de ley, porque ésta se dirigirá a un proceso del individuo que provoca la conducta por la acción combinada de los estímulos y las características particulares del mismo.

En suma, la PD persigue alcanzar el conocimiento idiográfico del individuo desde un acercamiento metodológico nomotético.


Objeto de estudio

En los años sesenta, cuando se produjeron cambios en la tecnología, se desarrolló la física relativista, la cibernética, la teoría de la información, etc., el objeto de estudio de la PD, que hasta entonces se había relacionado casi exclusivamente con el paradigma conductista, se amplió, aceptándose desde ese momento el estudio de fenómenos no observables directamente, pero inferibles a partir de la conducta del organismo.
Por lo anterior, podemos afirmar que el objeto de estudio de la PD se refiere a la variabilidad en la conducta observable de los organismos y también a la variabilidad en los procesos psíquicos que la provocan. En suma, dicho objeto podría concebirse, según Heeb, en los siguientes aspectos:

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Tales aspectos, haciendo aquí un breve paréntesis, podrían compararse analógicamente con otros esquemas propuestos en áreas distintas de la psicología, por ejemplo, en el psicoanálisis y los estudios que ha hecho la psicología social sobre la actitud.
Considérese que, aunque la organización mental y la base energética acontecen en el ámbito no-observable, la PD busca estudiar estos aspectos a distintos niveles. Estos niveles se refieren a la variabilidad interindividual, intraindividual e intergrupal.

Diferencias interindividuales: Tienen que ver con variables observadas en un grupo de individuos, de tal forma que, cada uno de ellos pueda estar afectado por uno de los valores posibles de aquella variable, como sería el caso por ejemplo, de las dimensiones de la personalidad o las habilidades.

Si el estudio de esta clase de diferencias ha sido el más característico hasta ahora de la PD se debe al hecho natural de que los individuos, de una misma población y especie, se comportan de modo distinto aún cuando comparten, concretamente, las mismas coordenadas espaciales y temporales.

Las diferencias entre los individuos aparecen con el nacimiento y se refuerzan o suavizan a lo largo del desarrollo, debido a los cambios madurativos y al aprendizaje, afectando tanto a los rasgos morfológicos como a las funciones psicológicas de los mismos.

Diferencias intergrupales: Cuando medimos un rasgo psicológico en individuos pertenecientes a grupos distintos y obtenemos parámetros estadísticos que caracterizan a tales grupos, porque sus integrantes están afectados por un valor preciso de dicha variable, decimos que estamos ante diferencias intergrupales.

En PD se entiende por “grupo” a la suma de individuos con una o varias características comunes, a quienes se compara a su vez, con individuos pertenecientes a otros grupos que presentan esas mismas características, pero en otro grado o nivel. Para ello, puede clasificarse a las personas según su sexo, edad, raza, status socioeconómico, lengua hablada, religión, etc., aunque también pueden utilizarse variables típicas de las diferencias interindividuales para agrupar a las personas, por ejemplo, según su nivel de inteligencia, su tipo de personalidad o cualquier otro atributo mensurable.

Las comparaciones que pueden hacerse entre los grupos así formados sirven para una mejor comprensión del fenómeno psicológico que se estudia.

Diferencias intraindividuales: Son el resultado de hacer comparaciones del individuo consigo mismo.

Consideraremos 2 subclases en este caso: a) Las diferencias intraindividuales correspondientes a una variabilidad diacrónica, es decir, a cambios que ocurren a nivel individual en los rasgos a lo largo de distintos períodos de tiempo, los cuales, son irreversibles[*] y están íntimamente relacionados con el proceso de desarrollo (cambios intraindividuales), y b) Las diferencias intraindividuales propiamente dichas, que se caracterizan por ser sincrónicas y por manifestarse con mayor o menor estabilidad a lo largo del tiempo; en otras palabras, mientras que las diferencias intraindividuales indican, específicamente, cómo está organizado cada sujeto con respecto a distintas dimensiones o rasgos, los cambios intraindividuales se refieren al posible cambio, cuantitativo o cualitativo, que las diversas dimensiones o rasgos psicológicos pueden sufrir como consecuencia del proceso de desarrollo.

La relación entre cambios y diferencias intraindividuales es importante porque gran parte de las diferencias intraindividuales pueden ser el resultado de los cambios intraindividuales.

En lo que atañe a la variable tiempo, debemos considerar que ésta no produce ningún efecto en la variabilidad de la conducta ni de los organismos. Es el conjunto de efectos de determinadas variables que actúan a lo largo del tiempo las que causan la variabilidad intraindividual; además, debemos tomar en cuenta dos cuestiones más: a) En los cambios intraindividuales consideramos que la variabilidad es irreversible mientras que no lo es para las diferencias, y b) La determinación de qué agente(s) causa(n) el cambio y qué agente(s) causa(n) la diferencia intraindividual**.


[*] Se refiere a los cambios generales por maduración o envejecimiento y los resultantes, por ejemplo, de daños cerebrales. Ejemplos contrarios serían: los ciclos día/noche, la frecuencia cardiaca y los distintos modos de reaccionar al estrés.
** Resulta más o menos evidente que los cambios intraindividuales son causados por los procesos de maduración y aprendizaje, pero no resulta tan evidente qué es lo que produce las diferencias intraindividuales. Una respuesta provisional al respecto sería que: tales diferencias se producen como resultado de la interacción concreta de factores situacionales e individuales.