Abordaremos a continuación conocimientos que, integrados ya a la teoría psicológica, podemos considerar aspectos importantes del corpus conceptual, metodológico y técnico de la psicología diferencial.
son muchos los psicólogos que han influido en el desarrollo de esta rama de la psicología con importantes proyectos de investigación
científica usando experimentos y planteando hipótesis de gran relevancia que nos dan ideas de como y porque surgen conductas diferentes en cada ser humano .

Concepto científico. Denominamos a un concepto científico cuando su significado está implicado con el contexto de una teoría científica determinada. Este tipo de conceptos podemos considerarlos artificiales (como de hecho podríamos también hacerlo con cualquier concepto) porque son creados por el hombre para comprender mejor los fenómenos a los que se refieren. Ejemplo de ellos son: el calor, la gravedad y el magnetismo.

Frecuentemente, los conceptos científicos son semejantes a los términos del lenguaje usado cotidianamente. Tal es el caso del término “inteligencia”, por ejemplo. Sin embargo a diferencia de los términos que usamos coloquialmente, los conceptos científicos adquieren, en el contexto de la teoría en la que se encuentran, una connotación especial que incluye una mayor precisión y una definición operacional.

Definición operacional. Un concepto es una abstracción que los humanos hacemos para referirnos, de forma comprensiva, a una propiedad de las cosas o de los fenómenos que observamos. Un concepto se define en términos de los hechos que conocemos o en términos de las operaciones que precisamos para identificarlo y relacionarlo con los hechos que conocemos y que podemos observar.

En las ciencias empíricas es habitual definir los conceptos operacionalmente, es decir, con base a las operaciones que debemos realizar para identificarlos y medirlos. La temperatura, por ejemplo, podríamos definirla haciendo alusión a lo que ocurre en un termómetro. De manera que, independientemente de cuál sea la naturaleza de eso que llamamos “temperatura”, podríamos definir ésta como la propiedad que puede medirse en grados Celsius, Fahrenheit o Kelvin por el nivel de dilatación del mercurio registrado en un termómetro.

Ahora bien, en psicología se opera con conceptos que hacen referencia a fenómenos y propiedades relacionados con las personas. Tales atributos no son entidades físicas. Implican funciones inmateriales que tienen efectos, a través del comportamiento, en el mundo físico. La conducta es la expresión de las funciones que suelen catalogarse como mentales. La conducta, por tanto, viene considerándosele como un indicador de dichas funciones.

Como en psicología diferencial los fenómenos a los que se hace referencia con sus conceptos no son observables, se ha recurrido a la definición operacional de los mismos para poderlos utilizar en una disciplina que, desde antaño, ha tenido pretensiones positivistas. Por esta misma razón, la medición de los atributos o propiedades de los individuos ha resultado ser importante para dicha disciplina.

Individualidad. En Psicología Diferencial se especifican las diferencias entre las personas, pero siempre con relación a una dimensión o atributo, el cual, refleja un aspecto determinado de la conducta cuya naturaleza comparten las personas, pero en diferentes grados. Por ello, la afirmación que tantas veces se expresa desde lo cotidiano acerca de que los individuos somos únicos no se contrapone con lo que en esta disciplina se entiende por individualidad, pues ésta queda definida como la combinación única de los atributos propios y compartidos entre todos los individuos de la especie; en otras palabras, las personas comparten, de un modo singular en cada caso, los mismos atributos que las demás, pero en niveles distintos. De hecho, podríamos considerar a cada individuo, desde un punto de vista meramente descriptivo, como un punto de intersección de todas las puntuaciones que podría ocupar en las dimensiones que lo identificaran.

Variable. Se trata de una característica o propiedad determinada que adopta diferentes valores. Cuando se estudia empíricamente la conducta de los individuos se asignan números a un aspecto conductual determinado de tales sujetos, identificándose de esta forma, el valor numérico que le correspondería a ese aspecto de la conducta que es la variable de interés.

Cuando en Psicología Diferencial se dice que un individuo difiere de otro, lo que se está queriendo decir es que existe una dimensión o atributo a lo largo del cual pueden aparecer diferencias. A esta dimensión o atributo puede asignársele una variable y también un concepto. Con el primero se hace referencia a su significado operacional y con el segundo a su naturaleza teórica.

Algunas de las variables o características que se predican de los sujetos varían de modo continuo, mientras que otras, lo hacen de modo discreto. Las variables continuas o cuantitativas pueden tener cualquier valor dentro de un rango determinado. Por ejemplo: la altura, el peso, la velocidad lectora y el tiempo de reacción. Las variables discretas o cualitativas se caracterizan porque su medida no puede dar lugar sino a valores separados (y no continuos). Por ejemplo: el sexo, la raza y el nivel educativo.

Explicación científica. En Psicología Diferencial se pretende que entender signifique explicar qué y cómo son las diferencias individuales, por qué se han originado, cómo se desarrollan, si se pueden modificar o no, qué factores las controlan, etc.

Científicamente, para explicar un fenómeno se requiere conocer las causas que lo producen. Tales causas pueden ser de dos tipos: proximales y distales.

Las causas proximales de la conducta de un individuo hay que situarlas en las circunstancias inmediatas, en un sentido espacio-temporal que sea próximo a la acción del sujeto que queremos explicar. Por ejemplo: La causa proximal de que un sujeto escuche el pronóstico del clima por la radio antes de salir a trabajar puede ser la de estimar si debe llevar paraguas o no.

Las causas distales tienen que ver con hechos que sucedieron anteriormente en la vida de los individuos, correspondiendo así a sus experiencias pasadas. Por ejemplo: La estimación de salir con paraguas o no por lo que anuncia el pronóstico en la radio puede deberse a que el sujeto aprendiera desde chico la utilidad de relacionar el pronóstico climatológico con la forma cómo debía salir fuera de casa.

Es importante mencionar, a propósito de la psicología en general, el problema que implican los niveles de la explicación científica.

Las explicaciones de la conducta pueden situarse en dos polos extremos. En uno de ellos, denominado Molar, la conducta de los individuos tiene su origen en términos socio-culturales, mientras que en el otro extremo, denominado Molecular, la conducta de los individuos se explica en términos de causalidad, atendiendo siempre a mecanismos de tipo bio-químico. En cualquiera de los dos extremos puede hablarse de cierto tipo de reduccionismo, en un caso de tipo biológico y en otro de tipo sociológico. El desarrollo de la Psicología Diferencial pretende ir a la par de una búsqueda por el equilibrio explicativo entre ambos polos.

Las causas de la variabilidad de la conducta hay que situarlas en dos planos de naturaleza diferente. Por un lado, hay un conjunto de causas externas al sujeto: son los fenómenos ambientales, los que en psicología reducimos habitualmente al concepto de estímulo; por otro lado, hay un conjunto de estímulos internos (o endógenos), propios del sujeto, que tienen un papel similar a los externos: son las sensaciones interoceptivas como el dolor, el hambre o la sed y también ciertos recuerdos y pensamientos. Este último tipo de causas son las que modulan el efecto que los estímulos provenientes del exterior tienen en los sujetos.

En esta disciplina hay un especial interés por la variabilidad de las respuestas que procede de la forma de ser de las personas, es decir, de sus disposiciones individuales, las cuales al no ser susceptibles a la manipulación directa en la mayoría de los casos, determina que la investigación no-manipulativa sea la que fundamente el estudio científico de la variabilidad del comportamiento.

En otras palabras, el por qué unos individuos se comportan de distinta forma o del mismo modo pero en grados diferentes ante un mismo estímulo es lo que interesa a la Psicología Diferencial.

Constructo. Los hechos empíricos se describen mediante puntuaciones en escalas, pero no se explican por esas puntuaciones. Solamente el marco teórico donde se sustenta la conceptualización de una variable determinada y las reglas que deben usarse para medirla es el que ofrece la explicación y comprensión del fenómeno empírico observado. De ahí que los conceptos, principalmente los científicos, tengan un significado similar con el de los constructos, pues mientras los primeros expresan una abstracción formada por generalización a partir de lo particular, los segundos son conceptos que están integrados a un marco o teoría científica.

Definamos: un constructo es una abstracción hipotética realizada para describir y comprender la conducta, la cual servirá en cada caso, como una clase de indicador de los efectos del constructo en la realidad por las observaciones y mediciones que pueden hacérsele empíricamente.

Los constructos son valiosos en la medida que pueden utilizarse de forma precisa y exacta. Los constructos tienen una definición semántica y una definición operacional. Ésta última es útil para describir y clasificar las diferencias individuales y aumenta la probabilidad de que la explicación de esas diferencias pueda ser correcta. Pero la utilidad completa de los constructos debe atribuirse a su inclusión de una definición semántica, ya que ésta hace referencia a la naturaleza teórica de los fenómenos a los que éstos hacen alusión. Por tanto, los constructos que forman parte de la Psicología Diferencial se han formulado o se formulan actualmente con la intención, no sólo de clasificar las diferencias individuales, sino también para comprender su significado.

Constructos hipotéticos y variables intermediarias. Los constructos en Psicología Diferencial son de carácter mediacional. En el paradigma de causación de conducta, E-O-R (que preferiríamos expresar como E-H-O-H-R por considerar el aspecto propiamente humano como distinto a lo que respecta únicamente al organismo y que ubicaríamos como un elemento intermedio entre el estímulo y el organismo y entre el organismo y la respuesta), los constructos referentes al sujeto (O o H-O-H), ocupan un lugar intermedio entre los antecedentes (estímulos, situaciones) y los consecuentes (respuestas, conductas o comportamientos). Los constructos mediacionales pueden ser de dos tipos: constructos hipotéticos y variables intermediarias.

Una variable intermediaria se constituye únicamente por aquello que puede ser definido operacionalmente y se formula, inicialmente, por generalización empírica, ya que se utiliza como forma de abstraer una relación común a partir de un conjunto homogéneo de respuestas a estímulos determinados.

Un constructo hipotético suele estar formulado en términos teóricos, racionales y contiene elementos que no son necesariamente operacionales.

Diciéndolo más técnicamente: las variables intermediarias (y también la operacionalización de los constructos hipotéticos), corresponden a variables latentes, las cuales, vienen representando a los rasgos o aptitudes características de los individuos que suelen ser identificadas en Psicología Diferencial por medio de procedimientos estadísticos.
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De manera esquemática, trataremos de diferenciar ahora un constructo hipotético de una variable intermediaria. Observa los siguientes ejemplos:

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La “sed” la consideramos una “variable intermediaria” porque la podemos definir operacionalmente en términos de antecedentes y consecuentes. De hecho, puede ser utilizada empíricamente en la investigación, generando hipótesis contrastables, porque cualquier modificación en los antecedentes actúa sobre la variable mediacional y ésta actúa sobre los mecanismos de respuesta del sujeto.

Con la “ansiedad” ocurre algo distinto. Puede suceder que numerosos antecedentes no observables (pensamientos, recuerdos, etc.) de los individuos, generen esas respuestas que hemos visto suceden cuando el sujeto se pone ansioso, sin embargo no podemos medir estos antecedentes, sólo podemos inferirlos. Consideramos la ansiedad como un constructo hipotético porque no tiene una faceta operacional bien definida. Empíricamente, resulta incontrastable. Es un constructo mediacional pero sin posibilidad de operacionalización directa.

Algunos constructos mediacionales comúnmente usados en Psicología Diferencial son los siguientes:

a) Procesos.- Pretenden describir y explicar un conjunto de operaciones mentales (cognitivas o emocionales) por las cuales la información que recibe el sujeto se convierte en un determinado tipo de respuesta. Ejemplos: memoria, percepción, emoción, etc.
b) Disposiciones.- Tendencias persistentes a actuar de un modo determinado. Se postulan a partir de la observación de las diferencias individuales del comportamiento ante situaciones similares. Ejemplos: actitudes, motivos, rasgos, capacidades, etc.
c) Estados.- Fenómenos transitorios o condiciones del sujeto generadas por el efecto causante de la situación y el efecto modulador de las disposiciones del sujeto. Son muy utilizados para explicar algunos comportamientos anómalos de los individuos. Coloquialmente, llega a denominárseles “estados de ánimo”. Ejemplos: miedo, rabia, amor, odio, etc.

Hábito. Aún cuando las situaciones tengan cierta influencia en la conducta, la variabilidad interindividual de esta depende de las características de los individuos que las ejecutan. En Psicología Diferencial, las conductas (observables) habituales o frecuentes se denominan hábitos.

Desglosemos esta idea un poco más: las respuestas o conductas de las personas se dan en función de las características particulares de los estímulos. A esto se le llama “especificidad situacional de la conducta”. Esta especificidad es un concepto importante para explicar la conducta de especies animales en las que el instinto es la fuerza que regula su comportamiento, sin embargo, pierde gran parte de su importancia si con él nos referimos al comportamiento más complejo propio de las personas, y a excepción de algunos casos especiales (reflejos y alteraciones emocionales, por ejemplo), en ellas es común encontrar una gran variabilidad individual de la conducta. De manera que, un mismo estímulo puede producir diferentes respuestas en función de la situación en que se enmarca, pero también (y así lo enlazamos con lo que habíamos mencionado inicialmente) en función del tipo de individuo que lo recibe, e inclusive, en función del momento en que actúa sobre el sujeto. En suma, la variabilidad de al conducta se puede manifestar por el efecto de una situación, de un estado o de un individuo.

En Psicología Diferencial se hace una observación cuidadosa de la variabilidad conductual para obtener generalizaciones que den cuenta de las conductas que se manifiestan en diferentes momentos y contextos, y lograr así, una aproximación explicativa de dicha variabilidad.

Con relación a las generalizaciones que se hacen sobre tales manifestaciones conductuales, estas pueden realizarse en dos planos distintos:

a) En el tiempo.- Cuando generalizamos las conductas de los individuos a través del tiempo realizamos una generalización longitudinal, y mediante ésta conseguimos descubrir, la estabilidad de una conducta, de un hábito o de un rasgo.
b) En las situaciones.- Cuando generalizamos las conductas en función de las situaciones en donde acontecen estamos realizando una generalización transversal (o transituacional). En este segundo caso, pretende descubrirse la consistencia de una conducta, de un hábito o de un rasgo.

La estabilidad y la consistencia de las respuestas tienen su base teórica en el aprendizaje. Por eso, podemos referirnos conceptualmente a los hábitos como conexiones aprendidas entre estímulos y respuestas.

Definamos: los hábitos son conexiones o asociaciones consistentes, duraderas y estables entre E y R. Thorndike formuló a principios del siglo XX este concepto psicológico para explicar la consistencia de la conducta. Esta aportación de Thorndike también podríamos considerarla como una explicación alternativa a la suposición de que la estabilidad y consistencia de al conducta se deben a los atributos psicológicos o rasgos del individuo.

Rasgos. Las disposiciones no son atributos de las conductas sino de los individuos. No se les puede observar directamente y se distinguen de los hábitos por su mayor independencia de las situaciones y modos de respuesta. Son constructos teóricos inferidos y supuestos. Entre estas disposiciones destacan los denominados rasgos psicológicos.

Un rasgo es una disposición personal a comportarse de manera parecida en muchas y diversas situaciones.

El rasgo es el concepto que mejor representa la unidad de análisis de las diferencias individuales y usualmente hace referencia a un conjunto de hábitos de conducta correlacionados. Los rasgos agrupan un conjunto de respuestas que no son específicas de una situación concreta, sino que pueden aparecer ante situaciones distintas. Ayudar a una ancianita a cruzar la calle es una conducta que puede ser habitual y ser calificada de altruista, en cambio, el ser altruista y ser atento son rasgos del individuo. La consistencia trans-situacional es una característica propia de los rasgos que no puede asociarse directamente a los hábitos ya que éstos tienen mayor dependencia de la situación.

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Imagínate un niño al que se ha instruido para que escuche una serie de números que mentalmente debe sumar, y después decir en voz alta, la solución. Los números <<3, 5, 7 y 2>> son los estímulos que él escucha. <<17>> es la respuesta que él emite. Lo que sucede (que puede durar entre 10 o 45 segundos según la habilidad del niño para las sumas), entre la presentación de los estímulos y la emisión de la respuesta, sucesos ambos observables, es algo que no podemos observar directamente, pero que si podemos hacerlo en cambio, objeto de nuestra inferencia para alcanzar alguna clase de conclusión, por ejemplo, que el niño realizó una operación mental consistente en la suma de los números oídos. Esta operación sucede <<entre>> los estímulos y las respuestas. Esto que sucede <<toma un tiempo>> y sabemos que a mayor complejidad o exigencia para la suma más tiempo se ocupará el sujeto en estas operaciones mentales. Estos hechos sugieren (pero no demuestran) que algo ha sucedido entre la recepción de los estímulos y la emisión de las respuestas. Con un equipo de registro adecuado de la actividad cerebral podríamos observar ciertos cambios asociados a esta actividad mental. Una denominación como <<pensamiento>> podría ser adecuada a este suceso mental que acontece en el <<interior>> del sujeto. Este suceso mental funciona como un puente que relaciona dos sucesos externos y que podemos llamar mediacional. Un constructo hipotético o una variable intermediaria es un puente, una mediación, entre estímulos y respuestas observables.
RASGO
HÁBITO
Variable, latente
Respuesta observable
Relacionado con tipos de hábito
Relacionado con tipos de conducta
Consistencia trans-situacional
Especificidad situacional
Definido teóricamente
Definido empíricamente
Término de referencia amplia
Término específico

Por su naturaleza, los rasgos pueden ser agrupaciones más o menos extensas de hábitos de conducta, por tal motivo, pueden concebirse rasgos de carácter amplio o restringido. En función del mayor o menor grado de extensión de los rasgos éstos permiten un conocimiento más o menos descriptivo de las personas o una capacidad predictiva más o menos generalizable de las mismas. Cunado los rasgos se definen muy ampliamente suelen denominarse tipos.

Otra forma de concebir el rasgo es como una etiqueta verbal que identifica las características propias de la conducta (generalmente social) de un individuo. Esta concepción del rasgo, que no presupone ninguna otra implicación en cuanto a la naturaleza del mismo, nos permite conocer idiográficamente a un individuo y comprender su personalidad y su conducta. En el lenguaje cotidiano hay numerosos términos que hacen referencia a las características de los individuos.

Las clasificaciones de los rasgos son muy diversas. Los tipos de rasgos, donde más acuerdo existe, es en los temperamentales, los constitucionales (bio-morfológicos) y los de capacidades (inteligencia). Buss y Poley (1979) consideraban que además de los temperamentales y los cognitivos existen rasgos motivacionales.

¿Qué función tienen los rasgos en la psicología diferencial? Mencionaremos 4:

a) Predictiva.- Permiten conocer (con determinado grado de confianza) que hará el sujeto en situaciones futuras;
b) Descriptiva.- Para identificar fácilmente a las personas;
c) Clasificatoria.- Nos permite agrupar al individuo en una categoría o clase de individuos y
d) Explicativa.- Nos facilita la comprensión de la personalidad y la conducta.

El concepto de rasgo lleva asociado los conceptos de tipo (conjunto de rasgos) y estado (fluctuaciones del rasgo).

Tipos psicológicos. Es la primera aproximación al estudio clasificatorio de la personalidad humana. Los filósofos y médicos griegos inventaron esta categoría para clasificar a los sujetos basándose en su temperamento.
Los antiguos griegos, los constitucionalistas y los psicoanalistas entendían los tipos como constelaciones de rasgos que servían para clasificar a los sujetos en una u otra constelación, sin la posibilidad de que éstos pudieran ocupar un lugar intermedio entre ellas. Eran categorías discretas o clases aisladas sin continuidad. Una persona o era “colérica” o era “melancólica”.

La asignación del tipo se hacía según el grado de similitud que presentara la persona con el modelo ideal que correspondiera a uno o a otro tipo. Actualmente se considera, más cercana a la realidad, la consideración de que las características de los individuos se distribuyen como variables continuas y siguiendo un patrón de “normalidad estadística”.

Estados psicológicos. La diferencia entre rasgo y estado es meramente metodológica y hace referencia a la delimitación temporal de estos conceptos.

Un estado es una respuesta compleja (o complejo de respuestas) caracterizada por su baja intensidad y su duración más o menos duradera (minutos-horas). En tales términos, un estado es diferente a una “respuesta emocional”, mucho más breve pero de mayor intensidad, como también lo es de un sentimiento, el cual, llega a ser más duradero (días-semanas-meses) y menos intenso que el estado y las respuestas emocionales.

Los rasgos, como podrá deducirse, se distinguen de los estados por su efecto distante sobre la conducta (es menos intenso que los estados, las respuestas emocionales y los sentimientos), pero también por su contrastante mayor estabilidad temporal.

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